Jorge Durand
La Encuesta Intercensal 2025 pone en evidencia cambios muy relevantes en la dinámica poblacional de México. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta una población de 130 millones en Octubre de ese año. El incremento, respecto al censo de 2020, fue de tan sólo 4 millones en el quinquenio. El crecimiento poblacional se ha ralentizado y dos factores explican esta situación.
En primer lugar, el país ha entrado de lleno en un proceso de transición demográfica, con una tasa global de fecundidad de 1.2 hijos por mujer muy por debajo de la tasa de remplazo de 2.1 hijos, y por debajo de 1.9 hijos que se registro en 2020.
Los extremos se dan en el caso de Chiapas, que presentó una mediana de 26 años de edad, en contraste con la de la Ciudad de México, de 37 años. La diferencia se explica por la fecundidad de Chiapas, con 1.8 hijos por mujer; en la capital es de 0.8. Mientras más urbano el asentamiento, menor número de hijos, y mientras más rural e indígena, como el caso de Chiapas y Guerrero (1.6), mayor número de hijos. Esta dinámica también se corresponde con la educación, las mujeres sin escolaridad registraron un promedio de 4.9 hijos, mientras que las que tienen educación media superior o superior promedian 1.2.
Otro factor que puede aportar una explicación a la disminución de la tasa de crecimiento poblacional es la emigración. Según el demógrafo Juan Diego Terán, al analizar los datos de la encuesta, señala que en el quinquenio 2020-2025 emigraron 920 mil mexicanos, 90% en dirección a Estados Unidos. La cifra contrasta notablemente con el periodo 2015-2020, donde se registraron sólo 480 mil emigrantes.
La emigración fue menor en el periodo 2015-2020 por la pandemia y el efecto de Donald Trump y su política antinmigrante. Por el contrario, durante la administración de Joe Biden, se incrementó tanto la emigración irregular de corte laboral, como la legal, con 170 mil visas anuales de residencia (green card), más otros tipos de visa que aplican para los mexicanos.
Por otra parte, Terán afirma que la inmensa mayoría de estos emigrantes del quinquenio 2020-2025 no regresó a México. Llama la atención que pasan décadas y la inmensa mayoría de los emigrantes (90%) sólo mira hacia Estados Unidos. Se confirma, nuevamente, que la emigración mexicana es extremadamente unidireccional. Si bien se pierde población, por la salida de mexicanos a Estados Unidos, hipotéticamente se podría incrementar con la llegada de extranjeros, pero no es el caso. La inmigración sigue siendo muy baja: en números absolutos se registraron un millón 170 mil 038 personas nacidas en otro país (0.89% de la población total), con un componente fuerte de estadounidenses (57%), de los cuales habría que descontar a los hijos de mexicanos nacidos allá, aproximadamente la mitad, según la metodología aplicada por Terán.
Otro dato nuevo es la relevancia relativa de la inmigración venezolana (6.48%), cubana (5.27%), colombiana (4.54%) y haitiana (3.3%). Las dos primeras superan a la guatemalteca (4.67%), y todas las otras a la hondureña (2.36%), que tradicionalmente estaban en los primeros lugares.
Realmente es un misterio por qué México atrae a tan poca población extranjera, teniendo todo un continente con el que comparte cultura, lengua, religión, mestizaje y orígenes ancestrales. Hace unos años, la explicación más socorrida era la de un salario mínimo miserable, pero eso ha cambiado; ahora son, en promedio, unos 550 dólares mensuales, semejante a Chile y Colombia.
Otro factor importante podría ser la tasa de crecimiento del PIB, que en los últimos 30 años ha sido de 2.1 a 2.2 en promedio, semejante a la de Brasil (de 2.1 a 2.4) y mayor a la de Argentina (1.5 a 2). Pero no es el caso de los países del Pacífico; Perú creció a un promedio de 3.8, Chile a 3.78 y Colombia a 3.5. Y el tema es relevante, porque si no hay crecimiento natural de la población, sólo se puede optar por el migratorio para compensar la pérdida de población. Más aún cuando México pierde población joven por la emigración y envía a cerca de medio millón de trabajadores temporales a Estados Unidos.
Más temprano que tarde se verá el impacto del envejecimiento de la población dada la mayor esperanza de vida (78 años para las mujeres y 72 para los hombres) y la carga económica que supone para el país y las familias mantener una población envejecida, además del impacto fiscal que tendrá y la carencia de mano de obra que empezará sentirse en renglones fundamentales como la agricultura.
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