Los resultados reactivos requieren estudios confirmatorios, mientras las unidades que representan un riesgo quedan fuera del suministro
DAMIÁN CERVANTES/TDN
La disponibilidad de sangre para los hospitales depende de una red de donantes que todavía enfrenta el reto de ampliar la participación voluntaria. En México se obtuvieron un millón 733 mil 54 unidades de sangre y componentes durante 2024, pero apenas 138 mil 935 procedieron de personas que donaron de manera voluntaria y altruista, equivalente al ocho por ciento del total.
Chiapas presenta una proporción mayor en este rubro, aunque todavía necesita fortalecer la captación de donantes, ya que, entre enero y julio de 2025 se reunieron 16 mil 682 unidades en la entidad y el 16.6 por ciento correspondió a donaciones voluntarias, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud estatal.
En ese panorama, el registro de Tapachula añadió otra dimensión al trabajo de los bancos de sangre, alrededor de cuatro de cada 100 donaciones analizadas en un hospital del IMSS presentaron resultados reactivos a algún agente infeccioso. La proporción representó una alerta dentro del proceso de selección de unidades y evidenció que la captación debe ir acompañada de vigilancia sanitaria.
El dato también obligó a distinguir entre la disponibilidad de sangre y las condiciones para utilizarla, una unidad recolectada no se convierte automáticamente en un recurso transfusional, primero debe cumplir los controles establecidos para descartar riesgos relacionados con VIH, hepatitis B y C, sífilis o enfermedad de Chagas; cuando el primer análisis detecta una posible infección, se requieren estudios confirmatorios antes de establecer un diagnóstico sobre el donante.
La atención no termina con separar una unidad que no reúne los criterios de seguridad, también requiere informar y dar seguimiento a la persona que donó, además de mantener una reserva suficiente para responder a las necesidades hospitalarias. En Chiapas, donde la donación voluntaria ha ganado terreno, los resultados de Tapachula muestran que el crecimiento de la captación debe sostenerse junto con la calidad de los análisis y la protección de quienes reciben transfusiones.
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