
Lanzaron una nueva ofensiva contra Hezbolá en Líbano tras el disparo de cohetes desde territorio libanés
AGENCIAS/TDN
La tensión en la frontera entre Israel y Líbano alcanzó un nuevo punto crítico la semana pasada, cuando el Ejército israelí ejecutó una segunda oleada de bombardeos contra posiciones de Hezbolá. Estos ataques llegaron horas después de una ofensiva inicial en la que se aseguró haber golpeado “decenas” de lanzacohetes del grupo chií. Con la región al borde de una nueva espiral de violencia, la pregunta clave fue hasta dónde llegará esta escalada.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que sus objetivos incluyeron centros de mando, infraestructuras estratégicas y depósitos de armas en territorio libanés. Sin embargo, más allá de la versión oficial, los bombardeos alcanzaron zonas urbanas como la ciudad de Tiro, donde al menos cuatro personas resultaron heridas tras el impacto de un dron en un garaje. La expansión del conflicto a áreas habitadas incrementa el riesgo de víctimas civiles y podría amplificar la crisis humanitaria.
Las represalias israelíes surgieron tras el lanzamiento de cohetes desde Líbano, los cuales fueron interceptados antes de causar daños. Aunque Hezbolá se deslindó de estos ataques, el gobierno israelí sostuvo que representan una violación a los acuerdos de seguridad entre ambos países. En respuesta, se han intensificado los bombardeos en diversas localidades del sur libanés, con un saldo de al menos dos muertos y diez heridos, según la Defensa Civil de Líbano.
El intercambio de fuego no solo agravó el deterioro de la seguridad regional, sino que también puso en evidencia la fragilidad de los pactos de no agresión. Mientras Israel refuerza su postura ofensiva, Hezbolá mantiene una estrategia ambigua que le permite operar sin asumir abiertamente la responsabilidad de los ataques. Este juego de ambigüedades podría prolongar el enfrentamiento y arrastrar a otros actores al conflicto.
Con la frontera convertida en un tablero de ataques y represalias, la posibilidad de una escalada prolongada crece. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los hechos, en un escenario donde cada ataque puede detonar una reacción aún más agresiva. La pregunta ya no es si habrá más ataques, sino cuán lejos llegarán las hostilidades antes de que se imponga una nueva negociación o un conflicto de mayor alcance.
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“La pregunta ya no es si habrá más ataques, sino cuán lejos llegarán las hostilidades antes de que se imponga una nueva negociación”
Lanzaron una nueva ofensiva contra Hezbolá en Líbano tras el disparo de cohetes desde territorio libanés
AGENCIAS/TDN
La tensión en la frontera entre Israel y Líbano alcanzó un nuevo punto crítico la semana pasada, cuando el Ejército israelí ejecutó una segunda oleada de bombardeos contra posiciones de Hezbolá. Estos ataques llegaron horas después de una ofensiva inicial en la que se aseguró haber golpeado “decenas” de lanzacohetes del grupo chií. Con la región al borde de una nueva espiral de violencia, la pregunta clave fue hasta dónde llegará esta escalada.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que sus objetivos incluyeron centros de mando, infraestructuras estratégicas y depósitos de armas en territorio libanés. Sin embargo, más allá de la versión oficial, los bombardeos alcanzaron zonas urbanas como la ciudad de Tiro, donde al menos cuatro personas resultaron heridas tras el impacto de un dron en un garaje. La expansión del conflicto a áreas habitadas incrementa el riesgo de víctimas civiles y podría amplificar la crisis humanitaria.
Las represalias israelíes surgieron tras el lanzamiento de cohetes desde Líbano, los cuales fueron interceptados antes de causar daños. Aunque Hezbolá se deslindó de estos ataques, el gobierno israelí sostuvo que representan una violación a los acuerdos de seguridad entre ambos países. En respuesta, se han intensificado los bombardeos en diversas localidades del sur libanés, con un saldo de al menos dos muertos y diez heridos, según la Defensa Civil de Líbano.
El intercambio de fuego no solo agravó el deterioro de la seguridad regional, sino que también puso en evidencia la fragilidad de los pactos de no agresión. Mientras Israel refuerza su postura ofensiva, Hezbolá mantiene una estrategia ambigua que le permite operar sin asumir abiertamente la responsabilidad de los ataques. Este juego de ambigüedades podría prolongar el enfrentamiento y arrastrar a otros actores al conflicto.
Con la frontera convertida en un tablero de ataques y represalias, la posibilidad de una escalada prolongada crece. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los hechos, en un escenario donde cada ataque puede detonar una reacción aún más agresiva. La pregunta ya no es si habrá más ataques, sino cuán lejos llegarán las hostilidades antes de que se imponga una nueva negociación o un conflicto de mayor alcance.
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