La UNACH y Osumacinta unen fuerzas en pro de la educación

La colaboración busca llevar a la institución a los territorios rurales y generar impacto directo en la vida local

KEVIN NARVARTE/TDN

En un estado donde el acceso a la educación superior sigue siendo un privilegio más que un derecho garantizado, cualquier puente entre la academia y los municipios cobra especial relevancia. La firma de un Convenio General de Colaboración entre la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y el municipio de Osumacinta no solo representa un acto protocolario, sino un intento por redefinir el alcance social de la educación pública en contextos rurales.

Este acuerdo, que busca impulsar programas en áreas como salud, docencia, emprendimiento e innovación tecnológica, podría marcar un punto de inflexión si se logra traducir en acciones tangibles. Más allá del discurso, lo que está en juego es la posibilidad de construir soluciones desde la investigación y la práctica universitaria, que respondan a las necesidades específicas de comunidades chiapanecas históricamente relegadas del desarrollo académico.

El rector Oswaldo Chacón Rojas enfatizó que la cooperación institucional puede abrir caminos para que más jóvenes accedan a la universidad. Sin embargo, lo relevante no es solo cuántos ingresan, sino qué tipo de formación reciben y qué vínculos construyen con sus entornos. Una alianza como esta debe aspirar a generar conocimientos que se queden en el territorio, que transformen realidades locales y no solo engrosen currículos académicos.

Por su parte, Osumacinta se enfrenta al desafío de aprovechar esta colaboración más allá de lo simbólico. Las oportunidades están sobre la mesa, pero su aprovechamiento depende de políticas locales que integren estos programas de manera coherente con las demandas de la población. Sin una visión territorial clara, la colaboración corre el riesgo de diluirse entre buenas intenciones y resultados poco concretos.

En última instancia, este convenio debería servir como modelo replicable para otros municipios de Chiapas. La verdadera innovación social nace cuando la universidad deja de ser un recinto cerrado y comienza a dialogar con el territorio. Lo que se firma en papel puede ser el comienzo de una nueva etapa si se tiene la voluntad de construir desde lo colectivo, con la comunidad como eje y no como espectadora.

“La verdadera innovación social nace cuando la universidad deja de ser un recinto cerrado
y comienza a dialogar con el territorio”