Bukele atribuye la baja a la militarización y al régimen de excepción vigente desde 2022
AGENCIAS/TDN
El anuncio de Nayib Bukele sobre los “mil días sin homicidios” en El Salvador se presentó como una medalla política en medio de su cruzada contra las pandillas. Sin embargo, más allá del festejo oficial, la cifra abre interrogantes sobre qué significa realmente “cero homicidios” en un país donde los datos oficiales se mantienen bajo llave y donde la violencia ha mutado en nuevas formas de desaparición y represión.
El Plan Control Territorial y el régimen de excepción han transformado la vida cotidiana en barrios históricamente dominados por las maras. La presencia de militares y policías redujo la violencia visible en las calles, pero también normalizó un estado de vigilancia permanente. La pregunta de fondo es si la disminución de homicidios equivale a una verdadera pacificación o si se trata de una paz impuesta, sostenida por la suspensión de derechos básicos.
El propio Bukele ha reconocido en sus redes que, desde 2019, se registraron más de cino mil 600 homicidios y más de dos mil 500 desapariciones. Estas cifras contrastaron con la narrativa del “milagro salvadoreño”, pues evidenciaron que la violencia no desapareció, sino que se reconfiguró. Las desapariciones, menos visibles en los conteos, representaron un vacío estadístico que puso en duda el alcance real del éxito oficial.
Otro punto clave es la selectividad en el manejo de los datos. En los gobiernos anteriores, se contabilizaban muertes de pandilleros en enfrentamientos, osamentas encontradas o delincuentes abatidos por civiles. Hoy, esas categorías fueron excluidas de los registros. Bajo este nuevo método, el “cero” pierde transparencia y se convierte en un número moldeado según la conveniencia política.
El logro de los mil días sin homicidios, celebrado como un récord mundial, encierra así una doble lectura: por un lado, la reducción drástica de la violencia letal en comparación con el pasado reciente; por otro, la consolidación de un modelo de seguridad sustentado en la opacidad y la excepcionalidad legal. El futuro dirá si este modelo puede sostenerse sin violar derechos humanos o si El Salvador vive, en realidad, una calma tan efectiva como frágil.

Más historias
Naufragio en Libia deja 53 muertos o desaparecidos
Corea del Norte confirma prueba de lanza cohetes
Canadá ajusta comercio por políticas arancelarias de EU