Gobernador y autoridades respaldan acciones eficaces. Evaluaciones constantes buscan perfeccionar estrategias en el territorio
KEVIN NARVARTE/TDN
En Chiapas, la estrategia de seguridad atraviesa un momento clave que no solo se mide en cifras, sino en la percepción ciudadana. La reciente reunión encabezada por el secretario de Seguridad del Pueblo, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, puso sobre la mesa un hecho relevante: los logros obtenidos a nivel nacional son resultado de un modelo de coordinación que, en medio de un país con retos graves en la materia, ha conseguido mantener al estado con bajos índices delictivos.
El encuentro con mandos de la Fiscalía General del Estado, la Policía Municipal de Tapachula y la propia Secretaría de Seguridad del Pueblo reveló un esfuerzo por blindar la frontera sur, un territorio donde confluyen dinámicas de migración, comercio y crimen organizado. En ese contexto, la baja incidencia de delitos de alto impacto cobró un valor doble, pues significa sostener la estabilidad en una zona particularmente vulnerable.
Más allá de los reconocimientos internos, la insistencia en la proximidad social y en la recuperación de la confianza ciudadana marcó un giro interesante en la narrativa oficial. No se trata solo de desplegar fuerzas, sino de rediseñar la relación entre comunidad y autoridades. Esa apuesta responde a una exigencia creciente: que la seguridad no sea percibida como imposición, sino como acompañamiento.
El respaldo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y la alineación con la estrategia federal bajo Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch evidenciaron un entramado político que busca proyectar estabilidad. Sin embargo, el reto está en que esa voluntad se traduzca en resultados sostenibles, en mantener el equilibrio entre la operatividad policial y la dimensión humanista que se presume como bandera de la llamada Nueva ERA.
La reunión también dejó claro que la supervisión constante y las evaluaciones permanentes no son un mero trámite burocrático, sino un recurso para ajustar a tiempo y evitar retrocesos. Si Chiapas logra consolidar esta ruta, podría convertirse en un referente nacional de cómo la seguridad se construye con disciplina institucional, cercanía social y un objetivo de fondo: garantizar que la paz sea un derecho palpable y no solo un discurso oficial.

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