FORJADOS EN LA PRUEBA: SERVIR CUANDO TODOS MIRAN, RESISTIR CUANDO TODOS JUZGAN

Por Ana Laura Romero Basurto

Porque solo quien ha conocido la dificultad entiende el valor de la templanza… y la verdadera dimensión de servir.

Nadie elige el dolor. Nadie aspira al conflicto ni a la tensión que deja cicatrices en el ánimo colectivo. Pero hay momentos inevitables en los que la historia pone a prueba no solo a los hombres, sino a
los pueblos.

Y Chiapas ha vivido demasiado de eso.
Durante años, los problemas crecieron en silencio. Se normalizó lo inaceptable. Se dejó avanzar lo que debía detenerse. Se administró la crisis en lugar de resolverla. Y así, poco a poco, se fue incubando una realidad compleja, profunda, difícil de revertir en un solo instante.

Hoy, cuando se actúa, cuando se enfrenta, cuando se corrige… duele. Y duele más porque ahora sí se ve.

Marco Aurelio escribió: “Lo que obstaculiza la acción, la adelanta. Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino.”
Y en Chiapas, el camino no ha sido sencillo. Pero, por primera vez en mucho tiempo, se está caminando de frente.

Servir a Chiapas no ha sido fácil. Erradicar lo que se dejó crecer durante décadas no es tarea de discursos, es tarea de carácter. Implica decisiones firmes, asumir costos y, sobre todo, sostenerse cuando la crítica arrecia.

Porque hay un fenómeno silencioso, pero poderoso: cuando un gobierno despierta esperanza, también eleva la exigencia.
Y cuando la exigencia es alta, los avances se vuelven invisibles… y los errores, desproporcionados.

Eso es lo que hoy enfrentamos.

Ante hechos dolorosos en comunidades que nadie desea, que nadie justifica surge una comparación automática con el pasado. Pero esa comparación, aunque emocionalmente comprensible, resulta
profundamente injusta. Porque no es lo mismo permitir que el problema crezca… que enfrentarlo. No es lo mismo la omisión que la acción. No es lo mismo el abandono que la responsabilidad.

Hoy, bajo el liderazgo de Eduardo Ramírez Aguilar, Chiapas ha cambiado de rumbo.
Se ha decidido mirar de frente lo que antes se ignoraba. Actuar donde antes se callaba. Corregir donde antes se simulaba.

Y sí, en ese proceso, la realidad se manifiesta con crudeza. Pero hay que decirlo con claridad: no es el presente el que genera el problema… es el presente el que lo está enfrentando.

Los tiempos difíciles no desaparecen por decreto. Se contienen, se enfrentan, se transforman. Y eso exige algo más que voluntad: exige temple.

La vida pública como la vida misma no premia la comodidad, premia la firmeza.
Y la firmeza no se construye en la calma, sino en la tormenta.

Ser servidor público en esta etapa de Chiapas implica algo más profundo que administrar: implica reconstruir.
Reconstruir la confianza, el orden, la esperanza. Y eso no ocurre sin resistencia.
Porque el verdadero carácter no se mide cuando todo está bien, sino cuando todo se pone a prueba.

Hoy Chiapas vive una Nueva ERA. No perfecta, pero sí distinta. No terminada, pero sí en marcha. Una etapa donde servir significa sostenerse incluso cuando el juicio es severo Porque al final, la historia no recordará la comodidad de los tiempos fáciles… recordará quién tuvo la firmeza de enfrentar lo difícil. Y en esa prueba la más dura de todas es donde verdaderamente se forjan los gobiernos, los liderazgos… y los pueblos.

Porque Chiapas no necesita perfección.
Necesita verdad, necesita carácter… y necesita seguir avanzando.