Estado falla en proteger a las madres buscadoras

Botones de pánico fallidos y rondines simbólicos no protegen a activistas

AGENCIAS/TDN

Las madres buscadoras en Baja California se enfrentan a un enemigo doble: la impunidad y el abandono institucional. Lo que comenzó como una lucha por encontrar a sus seres queridos se ha convertido en una batalla por sobrevivir. En San Felipe y Playas de Rosarito, dos mujeres que advirtieron las amenazas contra su vida terminaron revictimizadas por un Estado que les entregó botones de pánico descompuestos y rondines simbólicos. En ambos casos, el mensaje es claro: la búsqueda en México puede costar la vida.

El asesinato del nieto de Patricia Orozco, en San Felipe, expuso la fragilidad de los mecanismos de protección. Ella había pedido ayuda meses antes, pero sólo recibió promesas vacías. “Me han matado dos veces”, dijo con una resignación que reveló más que dolor: mostró cansancio ante un sistema que escucha, pero no actúa. Su historia no es aislada, sino parte de un patrón donde las alertas previas se ignoran hasta que el daño es irreversible.

A más de 400 kilómetros, otra madre buscadora vive bajo el mismo miedo. En Playas de Rosarito, le dejaron un cuerpo desmembrado frente a su casa, la amenazaron y le apuntaron con un arma. Su hijo fue desaparecido por policías municipales, tres de los cuales hoy están procesados y uno sigue prófugo. Cuando usó su botón de emergencia, no funcionó. Su caso retrató la paradoja de ser protegida por el mismo Estado que no puede contener a sus agresores.

Los colectivos de búsqueda han denunciado el aumento de ataques y amenazas, pero las respuestas oficiales siguen siendo paliativas. Desde el asesinato de Angelita Meraz León en 2024, las madres saben que los mecanismos de protección no garantizan nada más allá de la burocracia. Los botones fallan, los rondines no se cumplen y las víctimas se convierten en números más dentro de las estadísticas de violencia que las propias activistas documentan.

En un país donde buscar a los desaparecidos se ha vuelto un acto de riesgo extremo, la figura de las madres buscadoras simboliza el costo humano del abandono institucional. No son heroínas románticas ni mártires por elección: son ciudadanas que asumen una tarea que el Estado ha dejado inconclusa. Cada amenaza, cada asesinato, no sólo silencia una voz, sino que debilita la esperanza de cientos de familias que todavía esperan una respuesta.