Crisis entre México y Perú por asilo a Betssy Chávez

El conflicto reaviva las tensiones entre ambos países desde la destitución de Pedro Castillo y la postura mexicana de respaldo al exmandatario

AGENCIAS/TDN

La relación entre México y Perú volvió a tensarse hasta el quiebre. Lima anunció la ruptura diplomática tras el asilo otorgado por el gobierno de Claudia Sheinbaum a Betssy Chávez, ex primera ministra de Pedro Castillo, acusada de rebelión. El gesto, interpretado por Perú como un acto de injerencia, reabrió viejas heridas entre ambos países, que desde 2022 no logran encontrar un terreno común desde la caída del expresidente Castillo.

La respuesta mexicana fue inmediata: el asilo, sostuvo la Secretaría de Relaciones Exteriores, es un derecho soberano sustentado en la Convención de Caracas de 1954. México defendió su decisión como un acto de protección humanitaria y no como una provocación política. En contraste, el gobierno interino de José Jerí calificó la acción como una afrenta directa a la soberanía peruana, ordenando la salida del cuerpo diplomático mexicano en un plazo breve.

El trasfondo, sin embargo, va más allá de la figura de Chávez. Lo que está en disputa es la interpretación del principio de no intervención y la manera en que América Latina ha vuelto a dividirse entre gobiernos que privilegian la afinidad ideológica por encima del respeto institucional. Sheinbaum, quien ha mantenido un discurso cercano a la izquierda latinoamericana, se enfrenta ahora a su primera gran prueba de política exterior, marcada por el peso de la tradición diplomática mexicana frente a las tensiones regionales.

En el centro del conflicto está la herencia política de Pedro Castillo, cuya destitución sigue generando fisuras en el continente. La defensa de México al expresidente y su familia, ahora extendida a una de sus excolaboradoras más cercanas, revive los cuestionamientos sobre si la política exterior mexicana se guía por principios humanistas o por afinidades ideológicas. Para Lima, el asilo representó una intromisión; para Ciudad de México, un acto de coherencia histórica.

Mientras los gobiernos cruzan comunicados y las embajadas bajan banderas, lo que quedó en evidencia es el desgaste del diálogo diplomático en la región. México insistió en el respeto al derecho internacional; Perú, en la defensa de su soberanía. Entre ambos discursos se asoma una realidad más compleja: la fragilidad de los equilibrios latinoamericanos y la dificultad de sostener una política exterior que no sea vista como una toma de partido en un continente donde la política, una vez más, se ha vuelto frontera.