La concentración de población migrante ha favorecido la creación de mecanismos para mantener apoyo económico a distancia
KEVIN NARVARTE/TDN
En Tapachula, los migrantes cubanos han construido redes de confianza que les permiten mantener el apoyo económico hacia sus familias en la isla. Ante las dificultades para utilizar mecanismos formales de envío, recurren a personas conocidas que reciben dinero en México y lo entregan en Cuba, una práctica que también incluye alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad.
La presencia de estas redes está relacionada con el papel que Chiapas mantiene dentro de la movilidad migratoria nacional. Durante 2024, más del 60% de las solicitudes de refugio en México fueron registradas en oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados ubicadas en la entidad, lo que convirtió a Tapachula en un punto de concentración para miles de personas extranjeras que permanecen en espera de resolver su situación.
Datos de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas señalaron que Chiapas se mantiene como una de las principales rutas de ingreso de población extranjera al país, una condición que ha favorecido la creación de redes comunitarias donde circulan recursos, información y apoyos entre personas que comparten experiencias similares.
Para las familias cubanas, estos envíos representan una herramienta para enfrentar los gastos cotidianos en un país donde los recursos externos tienen un peso relevante. El Banco Mundial estima que las remesas equivalen a más del 3% de la economía de Cuba, por lo que cada transferencia puede significar la posibilidad de adquirir alimentos, medicinas u otros productos esenciales para los hogares que reciben esa ayuda.
Aunque estas redes funcionan como una alternativa ante la falta de opciones suficientes, también reflejan los desafíos que enfrentan los migrantes para sostener a sus familias mientras buscan estabilidad en México. En Tapachula, cada envío representa un vínculo económico y emocional entre quienes salieron de Cuba y quienes permanecen en la isla, una relación que se mantiene activa a pesar de la distancia y la incertidumbre migratoria.

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