El Portavoz de la verdad.

No sólo de pan…

Yuriria Iturriaga

Para que sigamos escalandolos niveles de vida y satisfacción legítima de las mayorías de nuestra población es necesario tener un proyecto a largo plazo que, y si por lo pronto aparece con las siglas 4T como “piso anhelado”, se podría traducir también para una 5T, cuyo lema podría ser “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque la degradación de la convivencia humana está asentada en que “no hay próximo”, sino potenciales enemigos y competidores en todos los niveles y sentidos, al tiempo que “la familia” se ha degradado, sobre todo en las clases medias y altas, a posiciones de competencia despiadada entre generaciones con posesiones y posiciones fundamentadas en escalas de poder adquisitivo e imagen pública que podría definirse con la frase: “yo soy y estoy aquí porque puedo”, sin por ello explicar cómo pudo y llegó…

Desde los hijos de la panadera o trabajadora a sueldo, que se casan con hijos de burguesía media o alta, debido a las aspiraciones paterno-maternas por las que sacrificaron todo para darles una “educación privada”, mismos hijos que terminan negando su origen y desconociendo a sus progenitores, hasta los hijos e hijas de clases medias que alcanzan títulos y, o puestos de equis poder, la transición y ascenso de clases se ven golpeadas por una realidad de “clases inconciliables”.

(Sin mencionar ya las “mafias delictivas” entre las cuales el motor es el poder económico traducido al poder sobre las posesiones y vidas ajenas: en pequeña escala entre las mafias delictivas y, en las grandes y poderosas como detonante de las guerras del Siglo XXI.)

Pero, volviendo a nuestra patria (páter, familias) y aunque con tropiezos, hay logros innegables con una buena generación de ciudadanos, que mira hacia un horizonte ideal, lejano tal vez, pero posible, cuando hoy eleva la voz para obtener logros verificables en el futuro, y para lo cual se necesita que las generaciones del presente cuarto de siglo construyamos y disfrutemos consciente y eficazmente la sociedad cuyas siguientes generaciones no podrían permitir retrocesos morales en contra de sí mismos.

En efecto, nunca antes fue tan urgente la ética social, que se inicia en la familiar, y cuya base en común se basa en la noción de “prójimo”, el que está tan próximo físicamente como “uno mismo lo está para sí mismo”, y que por ídem, se merece el amor y respeto que uno quisiera para uno mismo. Pero si nosotros no comprendemos que la degradación social (que se refleja en el acoso escolar, universitario y profesional) destruye los lazos sociales entre la juventud aspiracionista y sus propias familias, terminará con otra ruptura de clases fortaleciendo a las clases dominantes y a sus imitaciones en la juventud narcisista.

En otras y pocas palabras: necesitamos poner el poder moral en las mayorías rescatadas de la miseria, para tener una voz moral colectiva y poderosa sobre todos los jóvenes, combatir la autosatisfacción y la ilusión del poder con base en las adquisiciones materiales y la imitación de modelos virtuales y vitalizar su contenido con acciones, declaraciones públicas y fórmulas discursivas no demagógicas.

México dejó los valores morales no con el ateísmo, sino con la importación de los valores del capitalismo crudo y duro. Identificado con sectas seudocristianas que, si en México no son tan fuertes como en Estados Unidos, nos lleva a deslizarnos hacia las religiones del capitalismo depredador… ¡Aguas!, dirían los compañeros, y yo digo: hay que fortalecer la educación moral en las escuelas del Estado, de por sí debilitadas por su laicidad obligatoria con las críticas de la sociedad creyente bien intencionada. Porque no practicar ninguna fe o no convertirse en su mensajero laico no debería arrojar como borregos a infancia y juventud en un corral a su merced.

Para ello, hay que apostar por una enseñanza moral en todas las escuelas del país para toda la población mexicana: porque la moral es la regla que nos mantiene erectos e indoblegables y, por lo mismo, sin dudas internas para proteger y adherirnos a la protección de nuestros connacionales y nuestro suelo común con sus riquezas para nuestros descendientes… Si no podemos ser cabezas de nuestros niñas y niños hasta su madurez, démosles los principios y las herramientas. Y, sobre todo, el ejemplo.