Rebecca Díaz
Detrás de la aparente necesidad del “RoyMan” de ser escuchado, surge una pregunta mucho más incomoda, ¿qué le hace creer que los chiapanecos pretenden o pueden pagar para escucharlo?
La pregunta no es menor, particularmente cuando se trata del secretario de Educación de Chiapas.
Desde su responsabilidad pública, lo hemos visto abanderar aspectos filosóficos de la nueva ERA de Chiapas como el LEKIL KUXLEJAL, “el buen vivir”; tiene en sus manos el proyecto educativo (y que resultaría el más ambicioso del gobernador del estado de Chiapas) el programa “Chiapas Puede”, el programa alfabetizador que pretende combatir uno de los rezagos más dolorosos de nuestra entidad; lo hemos visto en Mitontic discursando fluidamente en lengua materna precisamente el mensaje de buen vivir, sin embargo, durante el fin de semana pasado se desarrolló un evento de carácter empresarial, donde con bombo y platillo se anunció “la presentación sin precedentes para la educación y el futuro de Chiapas” de RoyMan, al lado del best seller y reconocido conferencista Daniel Habif, ambos promocionados como “líderes internacionales que están definiendo el futuro”, de acuerdo con la publicidad del propio evento.
El problema comienza cuando observamos el precio. Los boletos, según la publicidad, oscilaban entre los 896 pesos hasta cuatro mil 200 en VIP, una cantidad que para muchas familias o estudiantes chiapanecos no representa un gasto menor ni mucho menos una actividad accesible, para una familia chiapaneca promedio, cuatro boletos cuestan más que todo lo que entra a su hogar en un mes.
Para dimensionarlo: en Chiapas, el salario mínimo mensual actual ronda los nueve mil 582 pesos. Es decir, un solo boleto VIP representa casi el 44% de todo un salario mínimo mensual, casi 15 días de trabajo destinados únicamente a una entrada, ¿y la comida? ¿y el transporte? ¿y la educación?. Incluso el boleto más económico representa alrededor del 9% de un salario mínimo mensual. Para una familia de cuatro personas, asistir pagando el boleto más barato significa desembolsar una cifra superior al ingreso mensual promedio de un hogar chiapaneco.
Eso hablando desde el ideal, donde los boletos fueron vendidos, porque, aunque el evento tuvo mucha difusión, donde el mismo “secretario” acudía a las conferencias de prensa para hacer promoción, no se obtuvo una respuesta favorable, reflejándose en que el influyentísimo RoyMan tuviera que enviar de última hora cortesías (boletos y más) al personal de diversas oficinas y aulas para poder tener el aforo lleno (muchas gracias).
Pero aquí viene el meollo del asunto ¿Quién pagó estos boletos?
El pequeño gesto que hicieron las oficinas del suspirante, perdón, del secretario nos obliga a abrir muchas interrogantes sobre la procedencia de los recursos para cubrir las ganancias o pérdidas que pudo representar el evento, aunque resulta difícil pedir cuentas a los organizadores en su carácter de “privado” para saber si el evento fue redituable o no y de no serlo ¿de dónde provino el recurso?
No se trata de cuestionar que un funcionario participe en actividades lucrativas (¿o si?) ni de impedir que un “conferencista” sobre por su trabajo, se trata de algo mucho más sencillo: que exista claridad sobre el origen y destino de los recursos cuando quien participa en ese evento ocupa, al mismo tiempo, una responsabilidad pública de primer nivel.
Si tendríamos que preguntar a la Secretaría de Educación, nada más por si las moscas, si dicho evento representó algún costo para los chiapanecos y de no ser así si podemos cuestionar directamente a RoyMan, además del pago que la asociación pudo haber hecho o no por su participación en el evento, sobre la procedencia del recurso para poder cubrir personalmente todas las cortesías y boletos gratis que repartió en muchas oficinas.
Como secretario de Educación, tiene acceso a espacios y público que no necesitan boletos, a muchos discursos, redes sociales, plazas públicas, escuelas, ceremonias de honores a la bandera, ceremonias de inicio o clausura de cursos, espacios educativos como los consejos técnicos escolares y muchos y diversos foros educativos alrededor del estado, tiene en otras palabras un auditorio potencial de miles de maestras, maestros, alumnas y alumnos, madres y padres y familia y sobre todo: “chiapanecos” sin necesidad de convertir la escucha en un privilegio de quien pueda pagarla.
Hay que preguntarle directamente a RoyMan: de cuáles espacios ha hecho uso y de cuáles no, a cuántos maestros escucha y cuántos lo escuchan, con cuántos alumnos, madres y padres y familia escucha y cuántos logran escucharle; tendría que hablar de algo más que de pachita (que vaya que es interesante), pero también los chiapanecos queremos escuchar de su propia voz los resultados del Chiapas Puede, cuánto dinero público se ha invertido y por qué mi vecino que no sabía leer sigue en las mismas, hay que preguntarle al Dr. Roger Adrián Mandujano Ayala, si el día viernes todos los maestros no se presentaron a trabajar, cuántas niñas y niños no fueron a la escuela, cuántas escuelas tenían agua y cuántas no, a cuántas escuelas les hace falta maestros, cuánto se perdió, se ganó o se gastó en el neuro evolution, que maestro lo escuchó el viernes.
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