La presidenta electa subrayó que el caso será atendido con prioridad y que se exigirá total transparencia sobre su situación legal
AGENCIAS/TDN
La presidenta Claudia Sheinbaum intentó transmitir firmeza y atención internacional al confirmar que 14 mexicanos se encuentran detenidos en Guantánamo, un símbolo que evocó arbitrariedades legales más que procesos migratorios. En lugar de eludir el tema, reconoció que hay indicios de violaciones a los derechos humanos y aseguró que su gobierno está presionando para que sean repatriados “de inmediato”.
Más allá del caso puntual de los detenidos, lo que realmente expone esta situación es la fragilidad del trato que reciben los migrantes mexicanos en territorio estadounidense, incluso bajo gobiernos que han prometido mayor cooperación bilateral. Que haya connacionales en Guantánamo reveló que la criminalización migratoria no ha cesado, y que las redadas siguen aplicando el castigo antes que la ley. La nota diplomática enviada por México abre una vía institucional, pero la verdadera pregunta es cuánta presión política está dispuesta a ejercer esta administración.
En otro frente, Sheinbaum tuvo que responder sobre las sanciones impuestas a aerolíneas mexicanas por parte de Estados Unidos, tras el incumplimiento de acuerdos bilaterales. Aunque anunció la instalación de una “mesa de diálogo” y un plazo de un mes para resolver el conflicto, el tema pone en duda la eficacia de la gestión aérea nacional y la capacidad del gobierno para cumplir sus compromisos técnicos en tiempo y forma.
El panorama se amplió aún más cuando negó vínculos con Pegasus y con empresarios israelíes acusados de corrupción. Si bien fue enfática al deslindarse, delegó la responsabilidad en la Fiscalía, como si quisiera evitar cargar con el costo político de pronunciarse a fondo. El caso, que salpica al sexenio de Peña Nieto, también reflejó la ambigüedad con la que este nuevo gobierno ha tratado los escándalos del pasado.
Sheinbaum también aprovechó para posicionarse a nivel internacional al respaldar la iniciativa del presidente chileno Gabriel Boric para defender la democracia, y deslizó la posibilidad de asistir a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Aunque el gesto puede leerse como una apuesta por integrarse a nuevas alianzas progresistas, en casa los desafíos no se disipan: la seguridad sigue siendo una prioridad, y la presidenta celebró que la ciudadanía perciba avances.

Más historias
Exsecretaria, ausente y prófuga de la justicia
Tren Interoceánico descarriló por ir a exceso de velocidad
Descartan maniobras militares en México