En Tuxtla Gutiérrez, siete de cada 10 mujeres han expresado temor de sufrir alguna agresión mientras utilizan el transporte público
DAMIÁN CERVANTES/TDN
Para muchas mujeres, subir a un colectivo en Tuxtla Gutiérrez forma parte de una rutina que no siempre transcurre con tranquilidad. Cuando la unidad va llena, los empujones pueden convertirse en una oportunidad para que alguien las toque sin consentimiento, mientras que en otros casos deben soportar comentarios sexuales o la cercanía intencional de un desconocido. Conductores de distintas rutas reconocieron que estas situaciones ocurren y que algunas veces deben intervenir para proteger a las pasajeras.
Los datos muestran que no se trata de hechos aislados, ya que, la Encuesta Nacional sobre la dinámica de las Relaciones en los Hogares 2021 señaló que 6.4% de las mujeres de 15 años y más que vivieron violencia comunitaria en Chiapas durante los 12 meses previos identificó a un conductor de transporte público como agresor, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. El problema alcanzó así distintos espacios del traslado, desde el interior de las unidades hasta el momento de abordar o esperar el transporte.
En Tuxtla, la preocupación también aparece entre las propias usuarias, seis de cada 10 mujeres utilizan el transporte público todos los días y siete de cada 10 manifestaron temor de sufrir alguna agresión durante sus recorridos, según información difundida por la Secretaría de Movilidad y Transporte. A esa sensación de inseguridad se suma otro problema, el que muchas pasajeras no tenían claro dónde acudir para denunciar un caso de acoso.
Existen reglas para prevenir y atender estas conductas, además de mecanismos para presentar quejas ante las autoridades. La Secretaría de Movilidad y Transporte cuenta con una línea para reportar irregularidades y solicita datos como el número económico o las placas de la unidad para dar seguimiento. También se puso en marcha Taxi Seguro para Mujeres, que inició con 232 concesiones en Tuxtla para ofrecer unidades conducidas por mujeres y destinadas exclusivamente a pasajeras.
El desafío, sin embargo, no terminó con crear mecanismos de denuncia o poner en circulación servicios especiales. Para una mujer que utiliza un colectivo todos los días, la seguridad tendría que sentirse desde que sube hasta que llega a su destino, sin tener que calcular dónde sentarse, vigilar quién se acerca o preguntarse si alguien aprovechará un descuido para tocarla. Mientras esa tranquilidad no forme parte de los recorridos cotidianos, el acoso seguirá siendo una experiencia que muchas pasajeras deben aprender a prevenir por su cuenta.
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