Electromovilidad no resolverá la contaminación de la comarca

Ambientalistas llaman a combinar políticas públicas, infraestructura y educación ambiental para enfrentar la crisis climática

KEVIN NARVARTE/TDN

La transición hacia la electromovilidad en Chiapas ha sido presentada en algunos discursos como una vía rápida para reducir la contaminación urbana, pero especialistas advirtieron que esa lectura simplifica un problema que tiene raíces más amplias. La discusión ambiental, señalaron, no puede limitarse al tipo de motor que circula en las calles, sino al conjunto de actividades que sostienen la vida urbana y rural del estado.

En Chiapas, donde la calidad del aire en zonas metropolitanas como Tuxtla Gutiérrez se ve afectada por la combinación de tráfico, crecimiento urbano y condiciones geográficas, el reemplazo de vehículos de combustión por eléctricos apenas tocaría una fracción del problema. El enfoque técnico más reciente en políticas climáticas apunta a que las emisiones no provienen únicamente del transporte, sino también de la gestión de residuos, la deforestación y la expansión urbana desordenada.

El activista ambiental José Francisco Leiva Vázquez advirtió que incluso la industria de vehículos eléctricos conlleva impactos que suelen quedar fuera del debate público. La extracción de minerales para baterías, el consumo energético de su producción y el manejo de sus residuos representan nuevas presiones sobre ecosistemas que ya enfrentan estrés ambiental, especialmente en regiones con alta biodiversidad como Chiapas.

Otro punto crítico se encuentra en la gestión de residuos sólidos, un problema persistente en municipios chiapanecos donde los rellenos sanitarios operan con capacidad limitada. La generación de gases contaminantes a partir de desechos orgánicos continúa siendo una de las fuentes más relevantes de emisiones de efecto invernadero en contextos urbanos, lo que obliga a pensar en polìticas integrales que incluyan reciclaje, separación de basura y reducción desde el origen.

La discusión ambiental en el estado también se cruza con la movilidad cotidiana y los hábitos urbanos. Experiencias internacionales han demostrado que la reducción de emisiones depende tanto de la infraestructura como de los cambios culturales en el uso del transporte, incluyendo la bicicleta y el transporte público eficiente.