Educación, motor del cambio social estatal

Roger Mandujano destacó que la alfabetización representó un acto de justicia social y un paso hacia la emancipación del conocimiento

DAMIÁN CERVANTES/TDN

El programa Chiapas Puede ha comenzado a reescribir una parte crucial de la historia educativa del estado. Más de 80 mil chiapanecos han aprendido a leer y escribir en los últimos meses, un logro que, más allá de las cifras, representa la recuperación de una dignidad largamente postergada. El secretario de Educación, Roger Mandujano, destacó que este avance no es solo una meta cumplida, sino una transformación que está ocurriendo en las comunidades más apartadas del territorio.

La alfabetización, concebida aquí como un acto de justicia social, busca cerrar la brecha entre quienes siempre tuvieron acceso al conocimiento y quienes fueron relegados al olvido institucional. Desde la visión humanista impulsada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, el aprendizaje básico se entiende como una forma de emancipación: aprender a leer y escribir equivale a conquistar autonomía, conciencia y voz en los procesos sociales.

El reto, sin embargo, no se limita a enseñar letras y palabras. El Método Matías de Córdova, aplicado en este programa, reconoció las múltiples identidades culturales y lingüísticas de Chiapas. Su enfoque comunitario y participativo no impone un modelo único, sino que adapta la enseñanza a las realidades de los pueblos, haciendo que la alfabetización se viva como un ejercicio colectivo de reconstrucción del tejido social.

Mandujano ha insistido en que la meta de 150 mil personas alfabetizadas antes de finalizar el año no es una cifra política, sino un compromiso ético. Cada certificado representa una historia de resistencia y esperanza, una vida que se abre al conocimiento, al trabajo y a la participación ciudadana. Por eso, el programa no se mide solo en resultados académicos, sino en las nuevas posibilidades que genera para quienes antes fueron invisibles.

Con Chiapas Puede, el Estado se reconcilia con su población más marginada. En cada aula improvisada, en cada comunidad donde la palabra se aprende por primera vez, se está escribiendo un mensaje claro: la educación no es un privilegio, sino una herramienta de liberación. Y en ese proceso, Chiapas empieza a reconocerse a sí mismo como un territorio que aprende, que enseña y que transforma su futuro desde la raíz.

“Cada certificado representa una historia de resistencia y esperanza, una vida que se abre al conocimiento”