Más allá del discurso, la presencia

Andrea Flores Mena

En política, las visitas presidenciales suelen medirse por el número de discursos pronunciados, las fotografías distribuidas o las promesas anunciadas, sin embargo, existen ocasiones en las que el verdadero mensaje se encuentra en la selección de los lugares visitados, en los proyectos supervisados y en las prioridades que decide marcar quien ocupa la Presidencia de la República.

La gira de Claudia Sheinbaum por Chiapas este fin de semana dejó precisamente esa lectura, no fue una visita diseñada alrededor de un solo acto multitudinario ni de un anuncio espectacular, fue una agenda construida sobre distintos ejes: vivienda, infraestructura, desarrollo rural, sanidad agropecuaria y presencia institucional en una de las regiones más complejas del país. En apenas tres días, la presidenta recorrió Tapachula, Metapa de Domínguez, Pijijiapan y Tuxtla Gutiérrez, colocando sobre la mesa asuntos que durante años habían permanecido relegados del debate nacional.

Hay un dato que merece especial atención, mientras buena parte de la conversación pública suele concentrarse en las grandes obras federales, en Chiapas la agenda presidencial se enfocó en proyectos con impacto directo sobre la vida cotidiana de la población.

La entrega de Viviendas para el Bienestar representa mucho más que una política habitacional; en un estado donde amplios sectores enfrentan rezagos históricos en materia de vivienda digna, este tipo de programas constituyen una herramienta de movilidad social que, bien ejecutada, puede modificar las condiciones de desarrollo de miles de familias.

Algo similar ocurre con la supervisión del puente Rizo de Oro, las obras de conectividad rara vez generan titulares nacionales, pero suelen transformar de manera silenciosa la economía regional; reducir tiempos de traslado, facilitar el comercio y mejorar el acceso a servicios públicos termina produciendo beneficios mucho más duraderos que muchos anuncios de coyuntura.

Quizá el componente más estratégico de la gira fue la inauguración de la planta para la producción de moscas estériles destinada al combate del gusano barrenador, que a primera vista podría parecer un tema exclusivamente técnico, no lo es, la sanidad animal tiene implicaciones económicas, comerciales y de seguridad alimentaria; fortalecer la capacidad nacional para enfrentar esta plaga protege al sector ganadero, reduce riesgos para las exportaciones y disminuye la dependencia de infraestructura ubicada fuera del país, es una política pública que difícilmente ocupará los primeros lugares en las tendencias de redes sociales, pero cuyo impacto puede sentirse durante años.

El recorrido por Pijijiapan, con el impulso al maíz nativo y a los programas de desarrollo rural, también envía una señal relevante. Durante décadas, el campo mexicano fue objeto de diagnósticos recurrentes, pero de inversiones insuficientes y reivindicar la producción agrícola desde una perspectiva de soberanía alimentaria puede discutirse desde distintos enfoques económicos, pero resulta innegable que el abandono del sector rural ha sido uno de los factores que profundizaron la desigualdad territorial del país.

Existe, además, un componente político que no debe pasarse por alto: La coordinación mostrada entre el Gobierno de México y el Gobierno de Chiapas transmite un mensaje de estabilidad institucional. En un momento en que distintas entidades enfrentan tensiones entre los órdenes de gobierno, la colaboración administrativa facilita que los proyectos avancen con mayor rapidez y reduce los costos políticos derivados de la confrontación permanente.

Ello no significa que los problemas de Chiapas hayan desaparecido, el estado continúa enfrentando enormes desafíos en materia de seguridad, desarrollo económico, migración, pobreza e infraestructura. Ninguna gira presidencial puede resolver, por sí sola, rezagos acumulados durante décadas y tampoco corresponde evaluar una administración únicamente por los eventos públicos de un fin de semana.

Lo relevante es que la presencia presidencial estuvo acompañada de acciones concretas y de proyectos verificables, esa diferencia importa sobre todo en tiempos donde la política suele reducirse a la confrontación cotidiana y a la disputa por la narrativa, resulta saludable observar ejercicios de gobierno centrados en la ejecución. La ciudadanía tiene derecho a exigir resultados, a fiscalizar el uso de los recursos públicos y a evaluar el cumplimiento de los compromisos anunciados, esa exigencia no es incompatible con reconocer cuando existe una agenda orientada a atender necesidades reales.

La visita de Claudia Sheinbaum deja precisamente esa impresión: menos énfasis en el simbolismo y mayor atención a obras, programas y proyectos con capacidad de generar efectos medibles, el tiempo será el que determine el alcance de cada uno de ellos, pero la dirección elegida durante esta gira ofrece una señal positiva para Chiapas.

Porque gobernar no consiste únicamente en anunciar el futuro; también implica recorrer el territorio, escuchar sus necesidades y construir soluciones que permanezcan cuando los reflectores ya se hayan apagado.